Merecen explicación

No se trata solamente de educar y corregir a nuestros hijos, sino de lograr que la corrección produzca unos resultados positivos.

Uno de los errores más frecuentes es que los padres hacen la guerra entre sí a la hora de educar a sus hijos. Es fundamental la sintonía entre el padre y la madre.

Si el padre le dice a su hijo que debe utilizar los cubiertos para comer, la madre le debe apoyar, y viceversa. No debe caer en la trampa de decir: «Déjalo que coma como quiera, lo importante es que coma”.

Lo deseable a la hora de corregir a un muchacho, y en especial cuando se trata de aplicar disciplina, es que exista un acuerdo pactado entre el padre y la madre.

Eso puede requerir tomarse tiempo antes de aplicar la corrección, pero no debe preocuparnos; la disciplina no es más efectiva por el hecho de aplicarse de manera instantánea.

Si uno de los cónyuges está ausente cuando el hijo comete una “fechoría”, es posible y conveniente que quien está le diga al hijo o a la hija “cuando tu padre (o tu madre) regrese, hablaremos al respecto”.

Esa actitud refuerza el efecto de la futura disciplina, además de conferir al matrimonio, o si están separados una imagen de solidez que hará mucho bien a los hijos. Si por cualquier razón uno de los dos ha tomado una decisión y aplicó disciplina, el otro no debería, bajo ningún concepto, desautorizarle delante del hijo.

Es posible y necesario expresar nuestra discrepancia, si ésta existiera, pero nunca delante de los hijos.
Decirle por ejemplo mira lo que ocurrió: “tú ganaste, yo quedé sin autoridad y nuestro hijo perdió porque le queda una confusión de ambivalencia”.

Los hijos merecen una explicación ante regaños injustos, puntos de vistas que siente equivocados entre sus padres, así crecerá más fortalecido y a la hora de emular una conducta, ésta será la que guarde valores.

Puede ser muy conveniente ponerse de acuerdo, aunque todavía no haya ocurrido nada, para convenir una solución sobre el modo de actuar ante situaciones concretas. Nunca se siente más seguro un niño que cuando sus padres se respetan (Jan Blaustone).

Es importante que los padres determinen las reglas (por lo menos las generales) y se pongan de acuerdo antes de implementarlas a los hijos. Si es necesario escríbanlas.

Si se establecen planes claros de cómo se manejarán los espacios en familia o de cada padre con los hijos se evitarán situaciones de conflicto y confusión en los propios hijos.

En cuanto a la paz familiar, no olvidemos que todas las actitudes de los padres se reflejan en los hijos, por eso es importante:
– No discutir o quejarse de los demás delante de ellos;
– Saber sonreír aún en las dificultades;
– Evitar que todos sufran las consecuencias de nuestro mal humor;
– Enseñar a disculpar;
– Crear las condiciones para hacer agradables todos los momentos de convivencia.

Inculcarles pensar en los demás siempre. Cuando esto ocurre conciliamos la paz con nosotros mismos y con nuestros semejantes

Escuchar, hablar y clarificar los puntos de diferencia son la base para una buena crianza de los hijos y si con humildad se acepta que merecen una explicación ante cualquier situación de injusticia, lograremos hijos sanos, resilientes como felices.

@DGicherman
www.dorisgicherman

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